Decir que el mundo está en crisis no resulta una novedad. En todos los países y en todo momento, las personas perciben que el mundo que los rodea está en un estado crítico. Hay crisis políticas, económicas, institucionales, sanitarias, sociales…Cada campo de la vida social está en crisis.
En términos sociales, se debe dejar de hablar de crisis en plural, para hablar de una CULTURA DE LA CRISIS y de un SUJETO DE LA CRISIS.
El sujeto de la crisis es, en su esencia, cambiante en su forma de hacer y pensar. Han dejado de planificar a largo plazo, para cederle el lugar a la improvisación. Proyectar desde la estabilidad, es una concepción del pasado.
Pasar de “estar en crisis” a “ser un sujeto de la crisis” implica que se viva con naturalidad el hecho de que aparezca una situación disonante, resolverla, salir de ella, para entrar en otra etapa con nuevos y diferentes problemas.
Suele pasar que, debido a las grandes estructuras que conllevan, las organizaciones no pueden acompañar ese proceso. Así se va generando esa sensación de que las instituciones que los rodean -incluidas las marcas- no acompañan el desarrollo de esta nueva subjetividad.
A priori, parece haber una tensión entre el tiempo que se necesita para construir una marca y la inmediatez e improvisación que demanda el público. Sin embargo, esa tensión se resuelve desde la comprensión de los movimientos culturales intervinientes cuya evolución siempre es a largo plazo.